El “cohousing” y la amable densificación de barrios

Reconversión de inmuebles en edificios de vivienda colectiva

La reconversión de antiguas construcciones, incorporando en ellas viviendas acorde a las exigencias de habitabilidad de los tiempos presentes, es una deseable y por fortuna, cada vez más frecuente tendencia que conjuga la salvaguarda del patrimonio con maneras amigables de densificar nuestras ciudades. Bien sabe de esto Mateo Matteucci, quien le ha dado una segunda vida a dos casonas en Providencia, enriqueciendo tanto la vida de sus residentes como la de su entorno.

Nuestro modo de vivir, con el tiempo, se ha transformado, y como consecuencia de ello nuestras expectativas de los espacios que habitamos y dónde se emplazan. Privilegiar una buena ubicación, cerca de nuestros trabajos y de los lugares que frecuentamos es muchas veces el factor clave a la hora de decidir dónde vivir, siendo incluso más importante que el tamaño de la vivienda, la cantidad de dormitorios, o si cuentan con el siempre bienvenido patio o terraza. Y es que una buena ubicación nos abre un sinnúmero de posibilidades: nos permite hacer de la ciudad y el espacio público una extensión de nuestros hogares, dando la posibilidad de vivirlos y disfrutarlos de forma cotidiana.

Antiguamente era usual que las personas vivieran en grandes casonas en los centros de las ciudades, centros que en ese entonces no solían ser muy extensos, por lo que la ubicación no era tan relevante como lo es actualmente, pues todo quedaba circunscrito a unas cuantas cuadras de distancia. Las familias eran numerosas y las mujeres solían dedicarse prácticamente en exclusividad al trabajo doméstico. Además, el valor del suelo era bastante más accesible dado que los sectores no estaban tan socioeconómicamente segregados como hoy, entre otras tantas razones. A diferencia de aquellos tiempos, hoy los núcleos familiares son mucho más pequeños, y ni hablar del elevado valor de la vivienda, sobretodo en la capital: vivir en una casa en un sector céntrico parece ser un lujo que muy pocos se pueden dar.

Se entiende entonces que la densificación surja en respuesta a la necesidad de construir viviendas en sectores céntricos, donde existen los servicios y el equipamiento necesario para satisfacer las necesidades de los nuevos habitantes. Por muchos años, la única fórmula de densificación utilizada implicaba hacer tabla rasa, para construir sobre lo antiguo nuevas torres de departamentos, las cuales no solían considerar el contexto donde se emplazaban. Así, las torres han irrumpido en medio de barrios consolidados, perturbando el paisaje urbano preexistente e imponiendo insensiblemente una impronta homogénea de proyectos inmobiliarios que pondrían situarse en cualquier lugar. De esta forma se han perdido de manera irreparable una gran cantidad de valiosos edificios, patrimonio inmueble imposible de recuperar y transformando sin posibilidad de enmienda nuestras ciudades.

Sin embargo, la densificación en altura no es la única solución posible a un problema legítimo, como es la creación de vivienda en una ciudad cada vez más solicitada. Si miramos ejemplos extranjeros comprobaremos que éste es un desafío mundial, y hay diversas estrategias que le dan solución. La densificación de barrios y la preservación de nuestro patrimonio material se pueden combinar a través de soluciones creativas y ricas en espacialidad: la reconversión de antiguas construcciones – ya sean grandes casonas, edificios industriales, establos o incluso torres de agua – en distintos tipos de vivienda es una realidad en muchos países, e incluso en Chile existen casos dignos de replicar.

Esta solución es un tipo de cohousing, pues propone una nueva manera de vivir en comunidad y de entender la vida privada y vida común. Se reformulan los espacios, creando algunos privados y otros colectivos, de uso compartido y enriqueciendo la calidad de vida de sus habitantes. Compartir un lindo antejardín, una sala de estar, el patio de una casa o el espacio de lavandería, por dar algunos ejemplos, permite que sus habitantes puedan optar de manera colaborativa a lugares mucho mejores de los que podrían optar por sí solos, dando a su vez espacio a una vida en comunidad más amable y cercana, y propiciando el encuentro entre vecinos. Un ejemplo de ello es el caso de una casona en el sector del Barrio Italia en Providencia, la cual fue transformada por el abogado Mateo Matteucci en 8 departamentos de distintos tamaños. En ella se ha conformado una pequeña comunidad de vecinos, los cuales se han organizado para realizar en conjunto tareas como el reciclaje de residuos, la mantención del jardín común e incluso estableciendo turnos mientras dure la cuarentena para pasear a Otelo, el boyero de Berna de una de las parejas de la comunidad. Es así como han generado una red de apoyo y contención en estos tiempos difíciles.

Si a los grandes beneficios sociales que trae consigo este modelo le sumamos que a través de ello se puede dar una segunda vida a inmuebles de gran calidad constructiva, al convertirlos en departamentos de variados tamaños y tipologías, ajustándose a las actuales necesidades de distintos usuarios, los resultados son sorprendentes.

Las virtudes de la rehabilitación de antiguas construcciones son muchas, desde el cuidado por el espacio público y nuestra ciudad, la preservación de nuestra identidad cultural, de los barrios y su historia, hasta la calidad de vida que pueden conseguir sus habitantes, pues da la posibilidad de vivir en ambientes de gran calidad arquitectónica y constructiva, de forma asequible y en comunidad. Vivir de manera colectiva abre a muchos la posibilidad de optar a lugares llenos de encanto, compartiendo por ejemplo un elegante pórtico neoclásico con escalinatas como acceso principal, caminar hasta la propia puerta por luminosas galerías acristaladas, por las cuales es posible vislumbrar un cuidado jardín interior, o tener ocasión de ocupar un loft en lo que solía ser un señorial salón, coronado con intrincadas molduras y donde sobresalen altas ventanas francesas que se abren de par en par sobre las abarrotadas calles, dignificando la vivienda, y promoviendo la ciudad amable y respetuosa con su historia, y entre sus vecinos que se encuentran y comparten.

Cada inmueble abre al arquitecto un mundo de posibilidades, si se conjugan la normativa urbana con creatividad e ingenio. Las nuevas viviendas, tan variadas como únicas, se convierten en espacios funcionales, adaptando las antiguas construcciones a las necesidades de la vida contemporánea, pero manteniendo la dignidad y calidad de antaño.

Durante los últimos años hemos visto proliferar mayor número de este tipo de proyectos, en respuesta a un problema que a veces pareciera no tener solución. De este modo vemos que la salvaguarda de nuestras construcciones y barrios o su deseada preservación no es sólo una añoranza romántica, que implica congelarlos en el tiempo, sino que hace de la protección patrimonial una realidad, donde los barrios son un desafío y oportunidad de preservar nuestro legado construido y mejorar a su vez la calidad de vida de sus habitantes.

Arbotante – Arquitectura & Patrimonio

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3 Comments

  1. María Paz Jeldres García el julio 23, 2020 a las 7:45 pm

    Hola, me parece muy interesante el rescate de esta casa. Leí sobre otra recuperación realizada por Mateo Mateucci, la Casa Galpón Matta Oriente (aunque no sé si como arquitecto o como mandante).Me gustaría poder contactarme via mail con él. Podrían facilitarme su correo? Y felicitaciones por el blog y por vuestro trabajo de difusión y rescate patrimonial..
    Saludos

  2. FVB el agosto 30, 2020 a las 11:04 am

    Hola! claro, déjanos tu mail para contactarte con él. Abrazo!

    • María Paz Jeldres García el agosto 31, 2020 a las 12:41 am

      Lo acabo de enviar a vuestro mail. Muchas gracias.

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