Población de la Caja del Seguro Obrero

El singular barrio de una sola cuadra

Providencia es una comuna con una historia sorprendente y muchas veces desconocida. Tal es el caso de una pequeña calle detrás del Hospital del Salvador, la cual ha sobrevivido de manera silenciosa al paso de los años. 

El origen de la Población de la Caja del Seguro Obrero de Providencia, ubicada en la calle Valenzuela Castillo, entre la Av. José Manuel Infante y Román Díaz, se remonta a un proyecto de los empresarios Eduardo Matta Tagle –tío del pintor de fama mundial, Roberto Matta–  y Jorge Infante, quienes en 1923 adquirieron parte de los terrenos del Hospital San Luis (hoy Instituto Nacional de Geriatría) para desarrollar un pequeño proyecto inmobiliario de viviendas económicas. El proyecto estaba amparado en las leyes de habitaciones para obreros que regían en esa época, y como fue financiado en parte por la Caja de Crédito Hipotecario, se designó a Ricardo González Cortés, arquitecto jefe de la Caja, para que se hiciera cargo de su diseño y construcción. Bajo sus instrucciones se abrió un pasaje sin salida, con acceso desde la Av. José Manuel Infante, dentro del cual se trazaron 30 lotes de 147 m2, con 7 m de frente y 21 m de fondo. Probablemente el pasaje se unió a la ya existente calle Valenzuela Castillo a mediados de la década de 1930, ya que recién allí comienza a aparecer este tramo en los planos históricos de la comuna.

Se edificó una casa por terreno y el conjunto estuvo terminado en 1929. Cada casa contaba con una superficie aproximada de 49 m2 y respondían a la tipología de fachada continua, sin antejardín y dejando espacio para una pequeña vereda frente a ellas. Tenían un programa muy sencillo, compuesto por dos dormitorios, un baño, un comedor, una cocina con loggia y un gran patio posterior que permitía construir algún tipo de ampliación en el futuro. La importancia del diseño de González Cortés radica en el uso de materiales sencillos y de primera calidad para su construcción, sumado a la distribución precisa de puertas y ventanas con motivo de obtener una adecuada ventilación e iluminación de los espacios interiores. Así, se respondía a los requerimientos de higiene que las viviendas económicas debían poseer por ley y se mejoraba la calidad de vida de los futuros residentes. 

Para la estructura principal se utilizó albañilería de ladrillo a la vista, mientras que para los tabiques interiores se empleó la técnica del adobillo, compuesta por una estructura de madera rellena de adobe, la cual posteriormente es estucada. González Cortés era muy hábil en términos de ornamentación, por lo que diseñó detalles distintivos para cada vivienda, no siendo ninguna igual a la otra. En sus fachadas podemos encontrar puertas principales de madera de raulí, cada una con su ventanilla distintiva y una pequeña reja de fierro forjado que la protege; aleros de protección soportados por estructuras de madera tallada, uso de tejas de arcilla traídas directamente desde Holanda, lucarnas a modo de buhardilla que permiten iluminar y ventilar los espacios centrales de la vivienda, molduras en estuco para disimular quiebres de cornisas y esquinas, entre muchos otros.

A pesar de que el nombre de la población se asocia a la Caja del Seguro Obrero, estas casas no fueron pensadas para los obreros de la época, pues el ahorro necesario para adquirirlas las hacía inalcanzables para ellos. La ley permitía que fuesen arrendadas, por lo que el nuevo pasaje se pobló de inmigrantes de origen europeo, siendo la colonia alemana la más numerosa. En 1933, la esposa de Eduardo Matta, Luisa Jouanne de la Motte du Portail, adquirió la mitad de los terrenos de la nueva población, mientras que la otra mitad pasó a manos de la Caja de Crédito Hipotecario. Es probable que Eduardo Matta haya fallecido en esos años y que Luisa Jouanne haya recibido las casas como herencia. Eso explicaría que en 1936, la joven Luisa Matta Jouanne fuera acompañada al altar por su tío José Antonio Matta y no por su padre el día de su matrimonio. De cualquier modo, Luisa Jouanne continuó arrendando la casas a distintos inmigrantes durante años, por lo que ese tramo de la calle Valenzuela Castillo pasó a ser conocido por su impronta europea.

Con el tiempo, muchas de las casas de la Población fueron compradas y sus propietarios las cuidaron de muy buena forma, por lo que al año 2000 todavía era posible apreciar varias de sus características originales en muchas de ellas. En ese entonces, el arquitecto Christian Matzner, quien tenía su oficina de arquitectura en una de las casas de la calle, impulsó un proceso de reconocimiento de la Población como Zona Típica por parte del Consejo de Monumentos Nacionales, la cual fue aceptada y se logró así la protección patrimonial para este conjunto de enorme calidad arquitectónica y urbana.

Hoy en día, los nuevos vecinos de la calle y algunos de los antiguos que van quedando, se han agrupado para potenciar la recuperación de sus viviendas y poner en valor este patrimonio de los años ’30 del siglo pasado. Uno de sus últimos logros es haber habilitado un pequeño espacio de planta triangular en la vereda norte, el cual es aparentemente un residuo de cuando la calle era un pasaje sin salida, para construir una plaza con juegos infantiles. Esta obra se realizó en conjunto con la Municipalidad de Providencia y contó con un proceso de participación ciudadana vecinal para establecer los objetivos y la gestión de la plazoleta.

La Población del Seguro Obrero de calle Valenzuela Castillo tiene muchos secretos más que contarnos, ya que nos habla de procesos de urbanización del sector oriente de Santiago, del rol de la iniciativa privada en la construcción de viviendas económicas, de la administración de las mismas y de los micromundos que algunos barrios pueden llegar a crear. Las casas y la ciudad nos están contando estos secretos día a día, por lo que sólo tenemos que prestar atención y aprender a escucharlas.

Arbotante – Arquitectura & Patrimonio

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2 Comments

  1. José Miguel Delpin Piffaut el julio 4, 2020 a las 9:03 pm

    Muy interesante el artículo y el blog en general. Sigan así con las publicaciones.

  2. Javiera Benavente el julio 18, 2020 a las 5:57 pm

    Muy buena propuesta para conservar el patrimonio y para poder hacer una ciudad más sostenible en el tiempo.

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