El dilema urbano del barrio Corte Suprema

Una comunidad en alerta

  • Textos: Andrés Morales.
  • Fotos: Verónica Aguirre.

El barrio Corte Suprema, ubicado al sur de la Alameda, es un pequeño oasis urbano de casas racionalistas con influencias art decó. Surgió del loteo de parte del colegio San Ignacio de Alonso de Ovalle tras la crisis económica de 1929 y se ha mantenido durante años como un sector donde la vida de barrio y el sentido de pertenencia hacen de sus vecinos una verdadera comunidad. Sin embargo, hoy en día el barrio está amenazado por diversos proyectos inmobiliarios que podrían cambiar su fisonomía de manera importante, alterando así la unidad y la escala humana de este sector de Santiago.

A mediados del siglo XIX, la Compañía de Jesús, expulsada de los territorios americanos durante la colonia española, regresó al país para instalarse definitivamente con la misión de evangelizar a una elite cada vez más alejada de la realidad social imperante, sumado a una amplia labor solidaria con los más necesitados. Construyeron un gran colegio cerca de la Alameda para realizar su misión, al cual pronto le agregaron una capilla diseñada por el arquitecto italiano Eusebio Chelli. De este modo se inició la urbanización de un sector que, hasta ese entonces, aún permanecía como parte de la periferia rural de Santiago, incorporándose rápidamente a una ciudad que crecía aceleradamente gracias al auge del comercio del salitre.

Varias familias de la aristocracia chilena construyeron sus mansiones a lo largo de la nueva Av. Dieciocho, muy cerca del colegio y de la iglesia de los jesuitas, transformando el paisaje colonial de adobe y teja por uno de molduras de yeso y mansardas afrancesadas. Sin embargo, ya iniciado el siglo XX, el salitre comenzó a perder su relevancia económica y los vaivenes de los mercados internacionales fueron cambiando la forma de vivir de la elite chilena.

La crisis económica de 1929 fue el punto de quiebre que dejó atrás el pomposo pasado salitrero e introdujo a Chile en la realidad del siglo XX. La necesidad de contar con recursos en medio de la crisis llevó a que amplios terrenos del centro fuesen subdivididos para crear conjuntos residenciales de menor escala, rentabilizando así el uso del espacio por parte de sus propietarios. Los jesuitas, afectados también por la crisis, lotearon parte del terreno del colegio en 1937 para mejorar sus alicaídas finanzas. Así se abrió una pequeña calle nominada como Corte Suprema, la cual incorporó un loteo para la realización de viviendas y edificios residenciales orientados a la creciente clase media de la época. Arquitectos como Manuel Cifuentes -el primer arquitecto titulado de la Universidad Católica-, Guillermo Schneider, Jaime García de la Huerta y Luis Rodríguez desarrollaron proyectos que se alejaron del afrancesamiento neoclásico de las casonas de Av. Dieciocho y abrazaron estilos racionalistas y menos ostentosos. El art decó, el movimiento moderno y un neoclásico depurado fueron las expresiones arquitectónicas más utilizadas en el barrio, donde los muros lisos, la línea recta y una volumetría simple conforman una unidad armónica y proporcionada, donde además se privilegia la ventilación y la iluminación natural de los recintos interiores.

La calidad de las viviendas de la calle Corte Suprema hizo que numerosas familias decidieran transformarlas en sus hogares definitivos. Una de ellas fue la familia Castro Cantín, la cual llegó al barrio en 1972 luego de que María Magdalena Cantín adquiriera la casa de la familia Lavín, construida en 1938, para vivir ahí con sus ocho hijos. Su nieta, la artista y restauradora Francisca Castro Peña, pasó toda su infancia viviendo en la casa de su abuela junto con sus padres, su hermana y su tío. Aprendió a andar en bicicleta en el paseo Bulnes y acostumbraba a recorrer las galerías comerciales los fines de semana, por lo que el centro es parte inherente de su historia. Por lo mismo, Francisca señala que el avance de la construcción de torres de departamentos, algunas con más de 20 pisos de altura, amenaza con hacer desaparecer las casas de su calle y arrasar así con una historia que tiene ya casi 90 años.

Los vecinos pensaban que dada la antigüedad del barrio, éste estaba protegido a nivel patrimonial por el Plan Regulador de Santiago, lo cual nunca fue así. Hoy en día es posible construir en los terrenos de la calle Corte Suprema edificios de 22,5 metros de altura, sin necesidad de conservar las fachadas ni de resguardar la estética del barrio. Dada esta situación inminente, sumado a la demolición de tres casas de la cuadra para la realización de un proyecto inmobiliario, Francisca se organizó con sus vecinos en febrero de 2021 para solicitar al municipio la ampliación de la protección patrimonial que incluye a la Av. Dieciocho y al colegio San Ignacio, de modo de incluir en ella al barrio Corte Suprema, aprovechando la modificación al Plan Regulador que se está llevando a cabo. Sin embargo, el municipio indicó que esta solicitud debería ser estudiada en profundidad en una futura modificación al Plan Regulador y sugiere que no sea aprobada en esta oportunidad, lo cual podría atrasar la protección patrimonial del barrio y es posible que las casas ya no existan para cuando esto suceda. Ese es el temor de Francisca y de sus vecinos.

Por otro lado, Francisca señala que la idea de proteger el barrio ha sido recibida de manera positiva por los vecinos, sobre todo “los que verían mermada su calidad de vida con edificaciones que les generarían sobra eterna a buena parte de ellos”. Pero también reconoce que hay vecinos adultos mayores con necesidades económicas que ven en la venta de sus viviendas una opción para mejorar su calidad de vida. “Observamos que el alza desmedida de los valores de las propiedades debido a los usos del suelo que el Plan Regulador permite imposibilita que una familia pueda optar a una de estas casas. Tampoco existe un apoyo financiero real para que personas que viven en casas patrimoniales puedan conservarlas”.

A pesar de las circunstancias actuales, Francisca está optimista. “Entendemos todas estas problemáticas, pero también sabemos que se puede pensar y habitar de mejor manera la ciudad. Es cosa de voluntad y ética profesional de los que piensan y ejecutan los espacios en donde vivimos”,agrega. Por mientras, el barrio Corte Suprema permanece en un limbo urbano, a la espera de decisiones gubernamentales que podrían definir su futuro inmediato.

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