El centro de Santiago

Un espacio de encuentro

Los centros históricos son el núcleo fundacional de las ciudades. Por lo general, poseen un gran valor histórico, están llenos de tradiciones y simbolismo, concentrando una intensa actividad política, financiera y comercial. En ellos es posible encontrar inmuebles y obras conmemorativas de gran valor patrimonial, los cuales representan el ideario de una sociedad y que a su vez destacan dentro de un trazado urbano que suele persistir desde sus orígenes. Sin embargo, su mayor atractivo no radica únicamente en el espacio construido, sino también en sus propios habitantes, quienes día a día le dan vida a estos lugares, haciéndolos únicos, dinámicos y fascinantes. Y en esto nuestro centro de Santiago no es la excepción.

El espacio público del centro es más que solamente el resultado de la relación entre sus calles y plazas con los edificios de variados estilos arquitectónicos que las rodean. Es fruto de la intensa y diversa oferta de actividades y espectáculos que, en conjunto con la diversidad de servicios y de artículos que es posible encontrar, lo transforman en el lugar ideal para salir a pasear cualquier día de la semana. Perderse en las antigüedades del Barrio Lastarria; subir el Cerro Santa Lucía y disfrutar de la vista de Santiago desde la terraza Caupolicán; andar en bicicleta por la ciclovía del Mapocho hasta el Parque de los Reyes, o bien, visitar el Museo de Bellas Artes y entrar a ver una exposición sobre la Bauhaus o Laura Rodig; seguir caminando hacia el poniente a lo largo del Parque Forestal y sentarse bajo la sombra de una encina para ver un show infantil de artistas callejeros; cruzar al Mercado Tirso de Molina y disfrutar de un rico lomo saltado después de comprar flores en la Pérgola; volver caminando por la calle Puente hasta la Plaza de Armas y detenerse a imaginar esa gran explanada en la época de la Colonia, o simplemente admirar la belleza de las torres de la Catedral junto a la mansarda estilo francés del edificio de Correos; son sólo algunos de los innumerables recorridos que el centro le ofrece día a día a los ciudadanos.

Si bien estos espacios forman parte de la rutina diaria de muchos santiaguinos, siempre es posible re-descubrirlos, pues son dinámicos y cambian constantemente. Es justamente esta cualidad uno de los principales regalos que ofrece el centro de Santiago: la oportunidad de encontrarse con la sorpresa y el imprevisto. El “flâneur”, término francés que se refiere al caminar sin rumbo ni objetivo definido, presupone una actitud receptiva y dispuesta a encontrarse con las vicisitudes del camino. Es el acto contemplativo el cual nos permite volver a maravillarnos con las cosas y situaciones que nos rodean, como si fuese la primera vez. En este deambular desprejuiciado se encuentran los unos con los otros, reconociéndose a sí mismos como ciudadanos que comparten intereses, gustos, visiones y sueños. El centro nos ofrece un espacio físico de encuentro, del cual todos somos parte y al cual todos estamos invitados a participar. Un espacio público en el más amplio sentido de la palabra, donde pueden convivir chilenos, extranjeros, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, representando así la expresión más clara y rica de nuestra multiculturalidad.

Un rasgo que hace del centro un lugar único dentro de Santiago es el valor simbólico que como sociedad le damos. En este espacio cohabitan tanto representaciones colectivas y socialmente consensuadas de nación, como también disidencias y fricciones. No es casualidad que sea el escenario predilecto de innumerables y variopintas manifestaciones culturales, sociales y políticas. Ejemplo de ello es que, a raíz del estallido social del 18 de octubre, para muchos ciudadanos una parte del centro se ha identificado como un punto clave de la lucha por la dignidad y la justicia social. Para otros, en cambio, tal parte se ha teñido de una atmósfera lúgubre y amenazante, que infunde temor por los actos violentos que ahí han ocurrido. Sin embargo, tanto para los unos como para los otros – espectadores o actores – lo cierto es que es el lugar donde brota espontáneamente la ciudadanía enérgica y activa. En donde protagonistas y antagonistas han sido capaces de generar cultura y de soñar con influir en el devenir de un país. Es este lugar, querido o bajo sospecha, teatro privilegiado desde donde podemos observar cómo la vida nacional toma curso.

Si bien el centro ofrece múltiples beneficios a sus residentes, como gozar de todo tipo de servicios, buena conectividad con el resto de la ciudad y precios más accesibles que en otros sectores de la capital, su mayor ventaja se encuentra en la buena calidad de vida que es posible conseguir, pues conjuga la amabilidad de los barrios con el ajetreo y dinamismo de una capital cosmopolita; ambas dimensiones insertas en lo más profundo de la cultura chilena.

El centro de Santiago, según nuestra visión, es un patrimonio vivo, siendo sus habitantes y las personas que concurren en él quienes así lo mantienen. Son ellos los que lo hacen valioso al cuidarlo y darle significado diariamente a través de su uso cotidiano. 

Es esta una invitación a reencontrarnos con el centro de nuestra ciudad, a habitarlo y a hacernos responsables de cuidarlo y mantenerlo vivo día a día. A fin de cuentas, sólo al apropiarnos de él, reencantándonos con sus calles y redescubriendo sus rincones, podremos gozar de las bondades que nos ofrece. Ese es el privilegio de vivir en un lugar lleno de historia y tradición, en el cual se forma nuestra idiosincrasia y donde somos nosotros mismos, a través de nuestros actos, gestores de cultura. Depende de nosotros que el centro sea como queremos que sea: un espacio amigable e inclusivo, el cual permita, más allá de las ocasionales celebraciones y manifestaciones, lograr un ambiente propicio para el desarrollo de una comunidad comprometida con el entorno donde vivimos.-

Arbotante – Arquitectura & Patrimonio

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FVB.-

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